Improvisando

Nos esforzamos por tener una vida perfecta y, a veces, nos desvivimos queriendo alcanzar la perfección. Nos decepciona la gente a la que no agradamos, nos desmoronamos cuando las cosas no salen como esperábamos, lamentamos nuestros fracasos y aquellos éxitos que cosechamos muchas veces nos parecen insuficientes porque creemos que todavía podrían ser mejor.

Pero luego suceden eventos trágicos como los de este pasado fin de semana en Paris. Sucesos que, desafortunadamente, nos recuerdan que la vida puede perderse en un minuto y que los sueños de todos nosotros pueden esfumarse en cuestión que segundos.

Acontecimientos como este darán paso al odio, a la rabia, al racismo, a la tristeza, al desconsuelo… Pero también nos enseñan que debemos aprender aferrarnos a la vida como a un clavo ardiendo. Que nuestras preocupaciones deben ocupar el mínimo porcentaje posible de nuestro tiempo, que debemos sonreír más y quejarnos menos y, si algo no sale como esperábamos, ya encontraremos la solución. En sonreir y disfrutar de cada instante como si fuese unico puede que esté la clave. 


Y todo esto lo dice una persona “súper mega organizada” como yo pero, sucede que con el tiempo y los tantos cambios de rumbo inesperados, aprendí que nada saber mejor que la improvisación; esos domingos que empiezan siendo un café a mediodía con amigos y terminan en comida, sobremesa, peli y cena; esos viajes de fin de semana que organizas en apenas un par de semanas, esas quedadas con amigas que acaban en una discoteca a las 5 de la mañana, esos viajes que iban a ser en solitario y alguien, con apenas un mes de antelación, compra un vuelo y viaja 20 horas para unirse a ti. 

Saboreemos cada sorbo de café del día porque, quién sabe, puede que se esté cociendo un instante único de tu vida.

“Yo tampoco sé cómo vivir. Estoy improvisando”


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